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Chihuahua, Mexico.-Los restos de los dos sacerdotes jesuitas asesinados hace una semana dentro de su iglesia en una comunidad indígena del estado mexicano de Chihuahua (norte) fueron sepultados este lunes en el mismo sitio donde encontraron la muerte.

Los féretros con los restos del Javier Campos y Joaquín Mora fueron enterrados en el atrio del templo Cerocahui, como fue la voluntad de los religiosos que dedicaron su vida a auxiliar a los indígenas de la sierra Tarahumara, una de las zonas más empobrecidas y marginadas de México.

«En la sierra Tarahumara llevan décadas esperando la paz y creemos que este martirio abre una puerta para poder caminar juntos hacia la construcción de la paz», dijo en el entierro el sacerdote Jorge Atilano.

El pasado lunes, un hombre armado irrumpió en la iglesia de los jesuitas cuando perseguía a un guía turístico. Campos, de 79 años, y Mora, de 81, trataron de intervenir para apaciguar al agresor, pero éste disparó y dio muerte a los tres.

Los restos mortales de los padres «Gallo» y «Morita», como cariñosamente los llamaban los tarahumaras, llegaron el domingo a Cerocahui desde la comunidad de Creel, la mayor de la zona, en un trayecto que duró horas pues el cortejo se detuvo repetidamente para que los pobladores se despidieran.

Algunos tocaban rápidamente los ataúdes mientras otros realizaban danzas propias de la cultura tarahumara, también llamada raramuri y que encuentra en la danza una forma de alejar a los malos espíritus.

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